Al Andalus,
capital científica del Mediterráneo
La civilización andalusí experimentó un desarrollo sin precedentes de la astronomía, la medicina, la filosofía y la agronomía varias centurias antes del Renacimiento europeo
Seis siglos años antes de que Leonardo da Vinci viera la luz, un intrépido joven de Ronda ya había ideado un estrafalario pájaro volador para desafiar la fuerza de la gravedad. Las fuentes andalusíes certifican que el audaz inventor malagueño se subió al minarete de la Mezquita de Córdoba provisto de un rudimentario ala delta y describió el primer vuelo humano de la historia. Fue una hazaña sin precedentes pero accidentada. Los textos afirman que el joven creador logró sostenerse unos minutos en el aire aunque acabó con algunas fracturas de consideración.
Ibn Firnás se adelantó nada menos que 640 años al gran Leonardo da Vinci en la fantástica aventura humana de la aeronáutica. No fue la única disciplina que cultivó. Estudió química, física, astronomía y también filosofía, que abordó con brillantez, según sus biógrafos. Diseñó un reloj de agua denominado clepsidra, perfeccionó la técnica del tallado de cristal de roca y compuso una esfera armilar para representar el movimiento de los astros.
Con todo, Ibn Firnás no fue ni de lejos el más relevante de la constelación de científicos que proyectaron la civilización de Al Andalus a lo largo de todo el Mediterráneo. Pero sí el más fastuoso. “Fue sobre todo un exhibicionista”, asegura Julio Samsó, uno de los más prominentes especialistas en historia andalusí.
La ciencia de Al Andalus se cimentó fundamentalmente sobre cuatro disciplinas básicas: matemáticas, astronomía, medicina y agronomía. Así lo sostiene, al menos, el arabista catalán. La caída del Califato de Córdoba a principios del siglo XI y su fragmentación en reinos de Taifas propició un círculo virtuoso competitivo que estimuló el desarrollo de las ciencias. Los emires protegieron a los astrónomos y astrólogos en un momento en que existía la convicción generalizada de que era posible predecir el futuro a través de las estrellas.
En Toledo, surge una figura capital en el siglo XI que renueva la astronomía. Se trata de Az Zarqali, más conocido como Azarquiel, en su denominación latinizada, y aportó novedades sobresalientes al estudio del movimiento del sol y la precisión de los equinoccios. Conocemos su obra gracias a la traducción allatín del Tratado de la azafea, elaborada por astrónomos de la corte de Alfonso X el Sabio. Fabricó numerosos instrumentos científicos, como el astrolabio, y logró determinar con rigor distintos fenómenos cósmicos. “Azarquiel introdujo avances en la teoría ptolemaica que van a ser seguidos religiosamente entre el siglo X y XI, no solo en Al Andalus sino también en el Magreb”, asegura Samsó.

Cuadrante andalusí del siglo XV. Museo Arqueológico Nacional
En medicina destaca significativamente Abulcasis. Es considerado como el padre de la cirugía moderna. Su obra fundamental, Al Tasrif, aborda la medicina práctica en un trabajo descomunal articulado en treinta volúmenes. Su influencia sobre la ciencia europea fue indiscutible hasta el punto de que se erigió en referencia obligada durante nada menos que cinco siglos. Nació en Medina Azahara, en los años de esplendor del Califato cordobés, y legó a la ciencia infinidad de avances tecnológicos, como el fórceps y otros fundamentales para operaciones de cesárea y cataratas. “Es una de las figuras más importantes de la cirugía medieval”, subraya el arabista catalán.
También Averroes escribió un gran tratado de medicina de carácter teórico. Sus Kulliyat o Libro de las generalidades de la medicina ejerció una enorme influencia en la Europa de la Edad Media. En este compendio básico, desarrolló nociones de anatomía, fisiología, patología y terapéutica, a la vez que exhibió un excepcional conocimiento de las aportaciones de Galeno.
Pero sus reflexiones filosóficas son las que catapultan a Ibn Rushd a la cúspide de los pensadores universales. Fue uno de los máximos exponentes del racionalismo griego, particularmente el aristotélico, e iluminó el medievo europeo dominado hasta entonces por el sincretismo religioso. Muchos especialistas lo consideran precursor de la modernidad intelectual y adelantado del Renacimiento continental.
En el campo de la agronomía, los avances son extraordinarios. En Al Andalus las técnicas agrarias experimentan un salto sideral, hasta el punto de implementar adelantos que hoy día siguen siendo visibles en parte del territorio peninsular, especialmente la zona de Levante. “Desde finales del siglo X hay un interés claro por mejorar las técnicas de cultivo”, precisa Samsó. Muchos científicos intentan en el periodo andalusí aplicar teorías hipocráticogalénicas sobre el cuerpo humano a la agricultura.
Surgen los jardines botánicos y se propicia un “desarrollo espectacular” a las técnicas de regadío. También se implementan “muy seriamente” los estudios sobre el tipo de abono que conviene a determinados suelos y se configura toda una teoría acerca de cuatro supuestas clases de tierra, según su calidez, humedad, frialdad o sequedad.
Para el siglo X, Al Andalus ya se había desgajado de los califatos de oriente y exhibía una evidente autonomía en todos los campos de la ciencia, la administración, la diplomacia y la política. “Se pierde el contacto ya con todo el desarrollo científico del islam oriental y en la península germinan conceptos originales, principalmente en el ámbito de la astronomía”, argumenta Julio Samsó.
La nómina de sabios en la época andalusí es notable. Aparte de los científicos anteriormente mencionados, es justo nombrar a los matemáticos Maslama e Ibn Al Bagunis, el médico Ibn Walid, el geógrafo Abdallah Al Bakri, el historiador Ibn Jaldun o el filósofo Ibn Gabirol.
El pensamiento científico gozó de un prodigioso momento creativo en todo el islam, especialmente gracias al impulso indopersa, según señala el experto catalán. Ahí es donde se inscribe también la eclosión andalusí. La influencia del pensamiento griego, que alcanza la península ibérica gracias a múltiples traducciones, contribuyó decisivamente al “impulso científico espectacular” de Al Andalus.