Al Andalus, una sociedad multilingüe
Aunque el árabe fue la lengua oficial desde el siglo VIII, el idioma popular hasta bien entrado el XI era el romance andalusí y el tamazight
Frente a la idea dominante sobre Al Andalus, el árabe no fue la lengua de uso común en el largo periodo de hegemonía islámica de la Península ibérica. No, al menos, hasta el siglo XI. La razón es sencilla. Cuando los primeros contingentes árabes y amazighes penetraron por Gibraltar en el año 711, la mayor parte de la población autóctona hablaba el latín visigodo, que era una mezcla del latín vulgar y el idioma germánico traído por las tribus teutonas. Los nuevos conquistadores portaban dos idiomas: el árabe y el tamazight. Pero no tenían el mismo rango social ni político. El árabe era la lengua del Corán y de las nuevas élites, mientras que el tamazight era el idioma norteafricano bereber que hablaba la mayoría de la tropa.
Los nuevos colonizadores dominaron muy rápidamente la casi totalidad del territorio peninsular e impusieron una nueva estructura administrativa y militar. El árabe se convirtió en la lengua oficial, pero tardó mucho tiempo en permear a la población autóctona. Mientras tanto, el idioma vehicular mayoritario fue el romance andalusí, es decir, el bajo latín evolucionado que fue absorbiendo vocablos y giros del árabe.
Hay ya un consenso generalizado entre los especialistas en aceptar que entre el siglo VIII y el XI el romance andalusí y el tamazight o bereber eran los idiomas orales dominantes, mientras que el árabe se reservaba para la administración y las élites políticas y académicas de Al Andalus. En un proceso lento, pero imparable, el romance andalusí se fue sustituyendo por el árabe andalusí, que ya fue mayoritario bien entrado el siglo XI. El tamazight, la lengua de los bereberes norteafricanos, desapareció aunque dejó muchas huellas en el idioma.
Ese multilingüismo bajo el dominio jerárquico del árabe es conocido entre los especialistas como poliglosia. Y en el caso de Al Andalus era un fenómeno más que evidente. Se producía una relación desigual de poder que se manifestaba muy claramente en el uso de las tres lenguas que convivieron en el largo periodo andalusí.
“Podemos decir que ya en el siglo XI había monolingüismo de árabe andalusí y el romance poco a poco acabó desapareciendo”, asegura Ángeles Vicente, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza y una de las máximas expertas en la materia. ¿Y qué era el árabe andalusí? “La lengua árabe vernácula que se gestó en Al Andalus”, precisa la arabista aragonesa. Con la expansión del islam a partir del siglo VII desde Arabia Saudí, en cada región que llegaban las tribus árabes se germinaba un nuevo idioma resultado de la hibridación con las lenguas autóctonas.
“En Egipto, por ejemplo, el árabe se mezcló con el copto y dio lugar al árabe egipcio”, explica Ángeles Vicente. “En Al Andalus se mezcló con el bajo latín y dio lugar al árabe andalusí. Las lenguas romances todavía no estaban bien desarrolladas en el siglo VIII”. De todas las variantes regionales del árabe medieval, el andalusí fue el que dejó más rastro. “Es el árabe medieval mejor conocido”, asegura la profesora de Zaragoza, discípula del prestigioso arabista Federico Corriente. El árabe andalusí gozó de enorme prestigio social y se convirtió en lengua literaria, razón por la cual se ha conservado abundante material escrito, principalmente refranes y poesía.
Mientras que el árabe andalusí tomó préstamos del romance o el bajo latín, el romance andalusí se nutrió del árabe en un fenómeno de ósmosis lingüística verdaderamente notable. “El romance andalusí fue diferente del desarrollado en el norte peninsular por la influencia del árabe. El romance castellano siguió evolucionando hasta hoy mientras que el romance andalusí desapareció”, explica.
El romance andalusí, primero, y más tarde el árabe andalusí fueron las lenguas vehiculares de las tres comunidades religiosas que coexistieron en Al Andalus (musulmanes, cristianos y judíos). Ese dato, ya corroborado por la mayoría de los lingüistas, rompe la vieja idea que vinculó el romance andalusí con los mozárabes. “En algún momento al romance andalusí se le ha llamado mozárabe, el idioma de los cristianos de Al Andalus. Pero eso es algo ya superado”, puntualiza Ángeles Vicente.
El investigador Pablo Sánchez publicó en 2020 Origen y gramática del romance andalusí. Según argumenta en el libro, el romance andalusí tiene su origen en “latín que hablaban los visigodos”. La lengua romance bajo Al Andalus se quedó “aislada”, mientras que el castellano, el catalán, el gallego o el aragonés fueron evolucionando. En los primeros siglos tras la conquista islámica, el romance andalusí fue hegemónico en la comunicación oral, “incluso entre las élites de Al Andalus”.
El proceso de arabización fue lento y el romance se replegó paulatinamente a las zonas rurales y la vida doméstica. “De hecho, la mayoría del vocabulario que se ha conservado del romance andalusí hace referencia al campo”, asegura el investigador. En opinión del autor, la fonética del romance andalusí se asemeja a la del latín vulgar. “Si hoy escucháramos a un andalusí hablando seguramente nos recordaría más a un rumano que a un francés”, sostiene.
Pablo Sánchez sitúa la extinción del romance andalusí en un periodo posterior al fijado por otros expertos. “Desapareció en el siglo XIII. Ya en el Reino de Granada no se hablaba”, afirma. Los almorávides, y posteriormente los almohades, fueron arrinconando el romance y “prohibieron la diversidad lingüística, cultural y religiosa” de Al Andalus. Fue el único momento, a juicio del autor, en que la sociedad andalusí fue monolingüe.
Del romance andalusí se conservan unas 60 poesías y varios glosarios botánicos y médicos. Uno de ellos se encuentra depositado en la Biblioteca de Leiden, en Alemania. También tenemos noticia del glosario del botánico Abul Jair de Sevilla, que recopiló numerosas plantas por todo Al Andalus con su denominación árabe y romance. Otros están guardados en bibliotecas de París o el Museo Británico.
En 2023, Pablo Sánchez publicó un nuevo manual actualizado con un breve diccionario. Y en ese mismo año se produjo un extraordinario hallazgo en la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Entre los legajos, apareció un nuevo glosario en lengua romance sobre alimentos básicos, colores y herbáceos atribuido nada menos que al filósofo cordobés Maimónides. El excepcional descubrimiento fue protagonizado por el catedrático José Martínez Delgado. Al parecer, el manuscrito fue rescatado en El Cairo en el siglo XIX e integra glosas en judeo-romance datadas en la segunda mitad del XII.