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8 agosto, 2025

La ciudad perdida de Almanzor:
el eterno enigma de Al Andalus

Mil años después de la destrucción de Madinat Al Zahira, sigue siendo un misterio la verdadera ubicación del gran complejo palatino que desafió el poder de Abderramán III

Al Andalus es un periodo histórico singular de la Europa medieval. Pero también un territorio mítico plagado de enigmas sin resolver. Uno de los más indescifrables es el paradero de la legendaria ciudad de Almanzor. Un formidable conglomerado palatino levantado por el último gran mandatario andalusí a inicios del segundo milenio y desaparecido de la faz de la tierra como por arte de magia.

De Medina Azahira (La ciudad resplandeciente) solo quedan testimonios escritos. Las fuentes árabes la describen como una ciudad suntuosa, edificada en materiales nobles, que durante un lapso de tiempo efímero se erigió en epicentro político, religioso y administrativo de la todavía poderosa capital de Al Andalus. Lo que pasó en el año 1009 es un absoluto misterio. Solo sabemos que la ciudad de Almanzor fue reducida a escombros, de la que solo queda una pila de mármol descubierta en Sevilla y hoy expuesta al público en el Museo Arqueológico Nacional.

Durante mil años, la ciudad de Almanzor, también identificada como Madinat Al Zahira, ha sido una incógnita. Las hipótesis de los arqueólogos y los historiadores han circulado a lo largo y ancho de artículos científicos de toda índole. Su ubicación se ha convertido en una de las ecuaciones más fascinantes de la historia peninsular. Han llovido las conjeturas como agua de abril. Hasta 21 enclaves distintos se han barajado desde el siglo XVIII para el complejo palatino, según un estudio publicado por Juan Quiles a finales de 2021. Y hasta hoy no ha aparecido ni una mísera piedra de La ciudad resplandeciente.

Pero volvamos al principio. Y tratemos de despejar algunas de las claves para entender la importancia del enigma. La primera de todas ellas: ¿quién era Almanzor? Abu Amir Muhammad Ben Abi, conocido como Al Mansur, que significa El Victorioso, nació en Medinaceli el año 939. Pronto emigró a Córdoba, la gran capital del Califato, y logró escalar en la administración omeya hasta puestos de relieve. Durante años trabajó a la sombra del califa Al Hakam II y a su fallecimiento se convirtió en el hombre fuerte del régimen y chambelán del descendiente legítimo, Hisham, para tutelar su minoría de edad.

Bajo su mandato, Al Andalus ensanchó sus fronteras peninsulares y reforzó su prestigio militar. Las fuentes le atribuyen ambiciones políticas y religiosas que chocaron abiertamente con las limitaciones de su propio linaje. Almanzor no pertenecía a la familia omeya y, por tanto, no podía ser califa. En ese contexto, ordena la construcción de Medina Azahira como contrapeso a Medina Azahara, la ciudad palatina fundada por Abderramán III. El objetivo parece claro: crear un símbolo de poder propio que rivalice con la residencia omeya y visibilice su ya indiscutible autoridad.

La ciudad de Almanzor comenzó su construcción en el año 978. El militar levantó un “lujoso alcázar de extraordinario esplendor”, según describe el insigne arquitecto restaurador Leopoldo Torres Balbás, en un artículo publicado en el año 1956. El nuevo conglomerado palatino y administrativo es ornamentado de “fuentes de mármol y macizos lujuriantes de plantas odoríferas”, según expresión refinada de Torres Balbás, el gran conservador de la Alhambra. Almanzor no ahorra esfuerzos en fundar un nuevo centro de poder a la altura de su ambición.

“Se dio aires de soberano” y “trató de concentrar en torno suyo a la corte para aislar al califa nominal Hisham II”, argumenta Torres Balbás en su análisis histórico sobre Medina Azahira. El nuevo polo de poder impulsado por Almanzor atrajo a decenas de mansiones de la nobleza que se establecieron alrededor. No había duda: el hombre más poderoso de Al Andalus tenía en mente fundar una dinastía propia al margen de los omeya.

Las tensiones en el seno de la corte no tardan en aflorar y la Córdoba califal entra en una deriva de inestabilidad política, que se acelera con la muerte de Almanzor el año 1002. Ni su hijo Abd Al Malik Al Muzaffar, primero, ni Abderramán Sanchuelo, después, logran enderezar el rumbo de un Estado abocado ya a la desintegración.

En el año 1009, una revuelta instigada por el bisnieto de Abderramán III derroca a Sanchuelo y aniquila el gran símbolo de la familia amirí de Almanzor. Torres Balbás describe un saqueo “devastador” de Medina Azahira, que arrasó con todo. “Hasta las puertas y las maderas fueron arrancadas”, asegura el prestigioso arquitecto conservador. Los datos que proporciona Balbás sobre la fastuosidad del complejo palatino son sorprendentes: 1,7 millones de piezas de oro y 2,1 millones de plata. Los asaltantes ordenaron “arrasar e incendiar la ciudad, sin que quedara piedra sobre piedra”.

Las dos grandes obras palaciegas del califato omeya fueron desmanteladas sin piedad. Sus ornamentos fueron expoliados y buena parte de las columnas y los capiteles que sostenían tan excelsa construcción acabaron dispersas por el mundo. De la ciudad de Almanzor, sin embargo, “no quedó ni el recuerdo de su emplazamiento”, subraya el célebre arquitecto.

Y así ha sido. Desde entonces, Medina Azahira quedó atrapada en una espiral de ensoñaciones y conjeturas arqueológicas que se han extendido durante más de 250 años. Ya el arabista Francisco Javier Simonet la ubicó en las “eras de la Salud”, al oeste de Córdoba. Ramírez de Arellano, en cambio, la situó entre la Ermita de la Fuensanta y la Cuesta de la Pólvora, hoy uno de los barrios más populares de la ciudad. También el historiador Antonio Arjona aventuró un punto geográfico en el este de Córdoba: el polígono industrial de las Quemadas. Hasta el arqueólogo municipal, Juan F. Murillo, propone uno de los meandros del Guadalquivir como solar fundacional de la vieja urbe de Almanzor.

Las especulaciones se han sucedido sin descanso. Hasta que en el año 2023 el arqueólogo y profesor de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso se presentó públicamente con un informe de 15 páginas y abundante material gráfico que presuntamente acreditaba pruebas materiales concluyentes sobre la ubicación de Medina Azahira. El equipo de Monterroso utilizó técnicas avanzadas de prospección aérea con láser para rastrear una amplia superficie de Córdoba. Y localizó un enorme yacimiento de más de 40 hectáreas en un punto no desvelado al este de Córdoba, cerca de Alcolea.

Monterroso está convencido de que estamos, por fin, ante el enigma de Almanzor. El gráfico identifica en el subsuelo los cimientos de una extensa estructura que tiene casi mil metros de longitud. Se trata de una parcela situada en una finca rústica al pie de Sierra Morena, cuyas coordenadas se mantienen en secreto para evitar eventuales expolios y molestias al propietario. El informe técnico está en manos de la Consejería de Cultura desde 2023, que hasta ahora no ha tomado ninguna decisión al respecto.

Monterroso y su equipo trabajan con técnicas láser no invasivas para peinar yacimientos arqueológicos desde hace años. Toda España está cartografiada por el Instituto Geográfico Nacional y los archivos se encuentran a disposición pública en su página web. Para tratarlos correctamente, es preciso someterlos a un complejo trabajo de descodificación por parte de expertos cualificados. Gracias a esta técnica innovadora, Monterroso ha logrado identificar más de 200 vestigios arqueológicos solo en el norte de Córdoba sin necesidad de levantar una piedra del suelo.

El hallazgo del arqueólogo de la UCO abrió expectativas sin precedentes. Han pasado dos años y las administraciones públicas competentes no han iniciado expediente alguno para verificar las pruebas que Monterroso ha puesto sobre la mesa. En septiembre de 2025, el especialista ampliará sus investigaciones en una nueva publicación científica. ¿Estaremos más cerca de resolver el gran enigma de Al Andalus? Pronto lo sabremos. 

Aristóteles Moreno

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Equipo Red de Medinas Andalusíes

Dra. Bárbara Ruiz Bejarano. Directora de Fundación Las Fuentes y Coordinadora de la Red de Medinas. Doctora en Estudios Islámicos (Universidad de Alicante). Estos últimos años ha trabajado sobre las políticas públicas europeas sobre el islam, halal y turismo Muslim Friendly. Tiene amplia experiencia en gestión de proyectos europeos.

Dª. Isabel Romero. Presidenta de la Fundación Las Fuentes  Proveniente del mundo de la investigación social y el marketing, tiene más de 30 años de experiencia de trabajo en la dirección estratégica de proyectos de emprendimiento social. Patrona del WIEF (World Islamic Economic Forum) y está reconocida como una de las cincuenta mujeres más influyentes en Economía Islámica.

D. Aristóteles Moreno Villafaina. Periodista y licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Granada. Casi 35 años de experiencia en distintos medios de comunicación (Agencia EFE, Europa Press, ABC, Público, El Correo de Andalucía, Canal Sur, Cordópolis, El Mundo, Cadena Ser o El Correo del Golfo). Redactor de contenidos en la Red de Medinas.

D. Asier Albistur. Licenciado en Humanidades y Microgrado en Historia de España, además de máster en Administración de Empresas (MBA) y en Comunicación para el Comercio Internacional, une su pasión por la historia y el patrimonio andalusí con sus conocimientos en estrategia. Tour Leader de los itinerarios culturales de la Red de Medinas.

Dª. Pilar Fernández. Diplomada en CC. Humanas. Responsable comercial de Fundación Las Fuentes.

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