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29 julio, 2026
El historiador Felipe Vidales, en la mezquita Jameh, ubicada en Yazd (Irán)

“No hay interés institucional
en promover el pasado andalusí”

El historiador y guía toledano Felipe Vidales apuesta por el rigor científico en la divulgación del patrimonio y alerta sobre los riesgos de la masificación

La investigación histórica y el turismo cultural pueden (y deben) ir de la mano. Así lo certifica Felipe Vidales, doctor en Historia por la Universidad Complutense, guía oficial acreditado y promotor del proyecto cultural Tulaytula centrado en la divulgación histórica de Toledo. Convencido de que el rigor científico no tiene por qué estar reñido con la difusión cultural, este especialista en Historia Moderna desmonta los mitos y leyendas que contaminan el conocimiento de la antigua capital visigoda y uno de los enclaves fundamentales para entender España.

Es dueño de una mirada crítica sobre los mitos nacionales en los que se asienta la identidad española y reivindica el pasado andalusí como ingrediente esencial de nuestra historia, a menudo degradado por la visión tradicionalista como un paréntesis ajeno al devenir peninsular.

PREGUNTA. ¿Usted se siente más historiador o más guía turístico?

RESPUESTA. Es que soy historiador. Y no dejo de serlo porque haga o no haga una cosa. Hacer visitas guiadas es uno de los aspectos económicos y empresariales del proyecto, que incluye también trabajar con compañías de audiovisuales y promover documentales. Sigo siendo docente también, ahora para proyectos y universidades de Estados Unidos. Todo lo que hago es como historiador, aunque una parte de esa historia sea a través de visitas guiadas. Yo no dejo de ser historiador porque tenga el carné de guía. Hago exactamente lo mismo en cualquier momento de mi vida profesional: leer y divulgar.

¿Conocemos nuestra historia?

La conocemos, aunque nos cueste encajar determinadas partes de ella a lo largo del siglo XX. La historia va siendo cada vez más honesta. Es verdad que ha servido y sigue sirviendo a aspiraciones que no son puramente científicas. Y es verdad que vamos poco a poco revisando y reajustando la historia a metodologías y criterios más académicos y más honestos. Nos queda mucho por hacer y vamos purgando intereses ajenos a la disciplina, aunque haya historias que nos cuesta encajar en nuestro imaginario colectivo. Le pasa a todos los países. No solo a España. Hay una identidad selectiva y monolítica que nos lleva a rechazar algunas partes de nuestra historia y a aceptar mitos y mentiras que son más cómodas de aceptar que verdades y planteamientos rigurosos. Estoy hablando, por ejemplo, de Al Andalus.

¿Cuáles son las piezas que más nos cuesta encajar en nuestro imaginario colectivo?

Sobre todo la idea de que hay conquistas buenas y conquistas malas. Que hay españoles extranjeros y españoles que no lo son. Que hay periodos de nuestra historia que tenemos que encajar dentro de lo que llamamos la historia nacional. Y que, en el caso de Al Andalus, no son marcianos que viniesen en naves espaciales de otro planeta, sino que es el lógico proceso de conversión de los habitantes naturales de esta tierra adaptándose a una realidad religiosa y cultural distinta.

Nos cuesta mucho porque España ha construido su identidad a partir del siglo XIX por oposición a lo islámico y a lo árabe, extranjerizando la historia de Al Andalus a la vez que se ocupaba militar y colonialmente Marruecos. La equiparación de lo islámico con lo marroquí en ese fervor nacionalista del siglo XIX nos hace encajar difícilmente la historia de Al Andalus y extranjerizarla o expulsarla como si fuese un paréntesis en el devenir natural de España como nación.

¿Qué reivindica con Tulaytula?

Hacer las paces con nuestra historia. Soy de una ciudad que no se entiende sin la huella islámica. Creo que hay pocas ciudades como Toledo que sean tan importantes en la constitución de la identidad española por ese legado visigodo y medieval y por la ubicación de distintos episodios reales y cortesanos, pero a la vez es una ciudad que tiene un innegable legado islámico desde la propia toponimia a la arquitectura y otras manifestaciones culturales.

Eso tiene difícil encaje en la identidad de una ciudad, a veces, un poco acomplejada con su propia historia. En Tulaytula lo que pretendo fundamentalmente es poner en valor esa realidad, generando contradicciones en quien lea y escuche las cosas que escribo y que digo a través de investigaciones propias y siempre académicas. La parte fundamental de Tulaytula es hacer accesible el conocimiento académico y los debates que asumen algo que muchas veces las propias propuestas turísticas niegan: que no se puede entender Toledo sin ese legado islámico como no se puede entender España sin la herencia andalusí.

Sobrevaloramos la herencia judía por intereses económicos públicos y privados, pero en cambio es una ciudad que cuenta muy poco con el patrimonio andalusí. Sin museos, sin ofertas turísticas, ni un reclamo que visibilice la historia de Toledo y la España andalusí.

¿Se puede aislar el pasado judío y extraerlo de su marco andalusí?

Se ha hecho tanto que muchas veces se confunde lo andalusí con lo sefardí y se desgaja lo sefardí de Al Andalus como si fuesen dos realidades distintas. Nosotros no sabemos cuándo empieza Sefarad, pero sí sabemos cuándo termina. Y termina de un porrazo en 1492 con la conquista de Granada y la prohibición del judaísmo. Es imposible desligar Sefarad de Al Andalus. La huella judía no puede desvincularse de la herencia de Al Andalus. No quiero decir que no haya una cultura judía dentro de los reinos cristianos, castellanos o leoneses, pero innegablemente apegada a unas raíces andalusíes.

En Toledo tenemos ejemplos como la Sinagoga del Tránsito, construida 300 años después de que Toledo ya forme parte de Andalus, y probablemente uno de los mejores ejemplos de arte andalusí y de herencia islámica en las formas, en la estética, en los textos y en las lenguas empleadas. Cometemos un error fatal si comparamos cultura con religión y árabe con musulmán. La gente tiene que entender que durante siglos fueron culturalmente islamizados los cristianos, los musulmanes y los judíos, que no compartían religión, pero sí una misma cultura. Aunque hoy nos hagamos trampas a eso de “las tres culturas”. Ahí es donde se desgajan por error y por intereses económicos o identitarios lo judío de lo andalusí, cuando es una parte intrínseca.

El ejemplo de Córdoba es muy valioso. Maimónides solo se entiende dentro de un contexto islámico, pero, al desgajarlo e integrarlo en narrativas nacionalistas e identitarias judías, parece que formaba parte de un universo distinto cuando piensa en árabe y lee textos islamizados de filosofía, medicina y leyes. Y además cuando huye se va al mundo islámico: Marruecos y Egipto.

¿Todas esas identidades aún hoy día viven en conflicto?

Absolutamente. No solo en Toledo. La gente toma partido por algunas partes de su historia, como si fuese un partido de fútbol. Hay gente que elige ir con los romanos, con los andalusíes o con los Reyes Católicos y ahí nos estamos haciendo trampas. Se nos olvida que la conformación de la identidad en la Edad Media y Moderna era distinta. No había un sentimiento monolítico único y excluyente como lo hay ahora. Somos herederos de esas identidades propias de los estados-nación excluyentes, que casi impiden tener distintos sentimientos de pertenencia. Y hacemos que esas distintas identidades que, a la vez eran muy cercanas, entren en conflicto.

Vuelvo a la Sinagoga del Tránsito: un rey cristiano y un ministro judío que dedica una sinagoga en un estilo islámico. Eso hoy nos genera conflicto cuando entonces no era contradictorio. No soy tan ingenuo de hablar de convivencias idílicas ni perfectas. No lo eran entonces como no lo es ahora. Siempre hay tensiones. Pero las imaginamos mucho más conflictivas de lo que realmente eran, especialmente arrastrados en estas últimas décadas por planteamientos postorientalistas como el choque de civilizaciones de Huntington. Instrumentalizamos la historia para que sustente planteamientos presentes.

Leo en un artículo firmado por usted el siguiente titular: “La invisibilización del islam en la historia de Toledo”. ¿Se puede explicar Toledo sin explicar Al Andalus?

No. Es imposible. Y no se puede explicar Al Andalus sin explicar Toledo. Si comparamos las crónicas entenderemos que Al Andalus empieza con la conquista de Toledo. En el capítulo 1 del islam está la conquista de la Península Ibérica y está Toledo. Es imposible explicar lo uno sin lo otro. Cualquiera que entre a Toledo pasará por puertas de origen árabe, cruzará iglesias que le recordarán a alminares, atravesará plazas que tienen nombre árabe, verá mezquitas y entrará en lugares donde hay epígrafes en árabe por las paredes. Han pasado mil años desde que Toledo ya no forma parte de Al Andalus, pero el recuerdo de lo árabe y de lo islámico está en el callejero de la ciudad y en sus leyendas más antiguas. ¿Cómo no hay una mayor dedicación de las instituciones al legado árabe de la ciudad?

Una persona que pasa por Bab Al Sajr, que cruza Bab Al Mardum y que llega a Suq al Nawa y se da cuenta de toda la herencia araboislámica, si entra en una oficina de turismo, se va a encontrar muchos papeles sobre templarios, parques temáticos, huellas sefardíes y conciertos, pero ni un solo recorrido dedicado al patrimonio andalusí. Nada.

¿Hay una voluntad de ocultación del pasado andalusí?

No ha habido nunca un interés real promovido por las instituciones. Contamos con un museo sefardí que depende del Ministerio de Cultura y no contamos con un museo andalusí o islámico. Contamos con la semana de la cultura judía y sefardí y no hay nada parecido de la cultura andalusí. Hay un desinterés no solo institucional sino colectivo. Es como si fuese una moneda de dos caras: la judeofilia y la islamofobia que ha funcionado durante mucho tiempo en el país. Hay más interés en la historia judía, porque se equipara el judaísmo con modernidad, con éxito y con un pueblo hecho a sí mismo, mientras que el islam se compara con terrorismo, pobreza y desindustrialización.

Como esa es la visión del presente que se tiene del islam, se traslada a un pasado totalmente distorsionado. Hay un parque temático en Toledo, Puy du Fou, que atrae a miles de personas cada mes. En el espectáculo se relata la historia de España, que es el abrazo de un obispo católico y un rey católico. A partir de ese momento empiezan a aparecer bombas, explosiones y fuego. Eso es Al Andalus. Y se refleja como un saqueo y una devastación absoluta de una España que ya existía. Esa narrativa de España como una nación que ya existía con los visigodos y, por culpa de la destrucción del islam, hay que ponerse otra vez a reconquistarla es la que todavía opera en el imaginario de muchos españoles. Ha habido un descuido institucional enorme, pero también popular, porque la gente identifica erróneamente ese islam distorsionado con la historia de Al Andalus.

El nacionalcatolicismo sigue vivo en Toledo.

Yo creo que sigue vivo en toda España. Es una visión muy cómoda de nuestra historia. Una visión muy tradicional. Una visión que obliga a la gente a tomar partido por algunas partes de la historia y que desarrolla una visión de la alteridad de “ellos” y “nosotros”. ¿Quiénes somos los españoles? Pues somos todo lo contrario de lo que son ellos: los “moros”. Y en ese concepto de “moro” entra todo lo malo. Toledo se reconfigura identitariamente y no solo en el franquismo. También antes. Muchas de sus tradiciones se inventan en los primeros momentos del siglo XX. Cofradías, hermandades y procesiones que la gente piensa que son milenarias no alcanzan 100 años de antigüedad. Le pasa también a otros lugares de España.

En ese sentimiento de extranjerización de lo islámico resulta cómodo acogerse a la idea de una constitución nacional que es católica y que nace en la lucha frente al islam. Poco a poco, afortunadamente, los estudios académicos van negando eso y partiendo de que los andalusíes no son más que los visigodos convertidos al islam, como luego los castellanos y los aragoneses serán los andalusíes convertidos al cristianismo.

La nación española se construye frente al islam.

En gran parte sí. El problema que tenemos ahora es la aparición de esa pseudohistoria no académica a través de editoriales que están consiguiendo generar otra vez un interés por narrativas excluyentes y muy supremacistas, que pretenden señalar a las comunidades migrantes y despertar una psicosis de la suplantación de los nativos, la teoría del reemplazo y la islamización de Europa. Usan a Al Andalus en su beneficio y presentan la historia de España como una lucha incesante de los españoles frente al islam, que consiguieron dar forma a un Estado propio que hay que volver a defender frente a los musulmanes.

También leo lo siguiente: “Celebrar a Alfonso X sin conocer a Abdramán II”.

Tenemos dos reyes nacidos en Toledo: uno maximizado en celebraciones y en sus recuerdos, Alfonso X, y otro que no cuenta. En Toledo no hay nada que recuerde a Abderramán II, el único emir de Al Andalus nacido aquí. Alfonso X es idolatrado por todo ese concepto de la Escuela de Traductores, pero se nos olvida que La Escuela de Traductores no es más que el proceso de conversión del árabe al castellano y al latín de toda una cultura islamizada. Alfonso X termina presentándose como uno de los capítulos más exitosos de la ciencia y del saber españoles, pero es incomprensible si no atendemos cómo se desarrolla, se asienta y arraiga en este territorio gracias única y exclusivamente a esa realidad andalusí.

El único momento en el que esto que llamamos España formó parte de debates científicos internacionales es Al Andalus. El único momento en el que Toledo está a la vanguardia del desarrollo científico global es en el siglo XI, cuando lo dirigen y lo habitan personas mayoritariamente musulmanas. Alfonso X conquista un territorio en el que ya existen observatorios astronómicos, bibliotecas y jardines botánicos, que pasan a manos de los nuevos gobernantes castellanos. Es un éxito esa labor de traducción, pero muchas veces se nos olvida que es poco más que eso: una labor de traducción y no de desarrollo científico, cultural, lingüístico, filosófico y musical como se había conseguido en los siglos anteriores de Al Andalus.

¿Quién quiere borrar Al Andalus de la historia de España?

No es que se quiera borrar porque haya un deliberado interés. Las propuestas historiográficas más conservadoras de nuestra historia hablan de que Al Andalus es un paréntesis. Y de que el sentimiento nacional nace con los visigodos y se trunca en casi toda la península con Al Andalus, pero sobrevive en el norte acogido por unos pocos valientes que van a ir conquistando territorio. En el ámbito académico casi nadie habla de invasión islámica como nadie habla de invasión cristiana para referirse a Hernán Cortés en la conquista de México. Y fue exactamente lo mismo. Ahora bien: la idealización de Al Andalus es tan peligrosa como su negación.

Toledo, la ciudad de las tres culturas. ¿Mito o realidad?

Mito. Una cosa es la cultura y otra la religión. Una cosa es ser árabe y otra ser musulmán. Hemos generado ese término que funciona muy bien turísticamente y desde el siglo XX equiparamos por culpa de esa identidad tan monolítica cultura con religión. Y lo trasladamos al pasado. Y creemos que cada una de las tres religiones tenía culturas distintas y vivían enfrentadas en barrios distintos de Toledo. Y es una falacia sin un solo documento que lo pruebe.

Al Andalus es un crisol de culturas enorme. ¿Toledo de las tres religiones? Sí. Sin lugar a dudas. ¿Las tres culturas como un concepto naif e ingenuo que habla de un periodo de entendimiento total y absoluto? No, claro que no. Nunca en la historia. Tampoco ahora. En Al Andalus se genera un periodo de convivencia gracias a unas leyes que por primera vez no solo sirven para frenar los ataques antijudíos que se estaban produciendo con los visigodos, sino que promueven una sociedad con un relativo equilibrio jurídico entre religiones. Y que permiten que muchos de los cristianos sigan viviendo en territorio andalusí y que las comunidades judías respiren, progresen y crezcan gracias a la protección que se les da.

¿Y qué España nació en 1492?

Esa visión idealizada de que España nace en 1492 es muy relativa. Lo que sí nace entonces, y eso lo van a compartir todos los reinos por igual, es un territorio políticamente homogéneo a partir de la religión católica en el que no cabe la diversidad. Las situaciones de violencia contra las minorías judías se daban en toda Europa, pero ningún territorio llega tan lejos como para prohibir la presencia judía y musulmana en España.

¿Y por qué 500 años después se ha reconocido a los sefardíes y no a los moriscos?

En primer lugar, porque muchos de ellos mantuvieron unas tradiciones encapsuladas al integrarse en otros territorios. Al ser una minoría aquí y también en Bulgaria, Marruecos o Turquía, han mantenido una cierta identidad más fuerte que las comunidades moriscas, que al ser musulmanas se han tendido a disolver fundamentalmente en Marruecos y Argelia.

Ahí puede haber una parte cultural que yo entiendo, pero fundamentalmente lo que se ha hecho con esta ley de reconocimiento de los sefardíes es una estrategia política que nace de una persona abiertamente sionista, Alberto Ruiz Gallardón. ¿Por qué no se hace con los moriscos? Hay una gran parte de racismo institucional que pretende no dar nacionalidades a la población marroquí y argelina.

¿Qué es más falsa: la leyenda negra o la leyenda rosa?

Son las dos patitas de una misma bestia. La leyenda negra es algo perfectamente engrasado durante siglos que aún hoy se arrastra, y la leyenda rosa tiene un nacimiento mucho más reciente, pero es tan injustificada como lo podía ser en el siglo XVII la leyenda negra. A día de hoy tenemos fuentes y estudios serios que nos permiten entender que el Imperio Español es como todo imperio y como toda proyección colonial: algo que se nutre de la violencia de forma sistemática y que pelea por conquistar territorios para acaparar recursos. No hay imperio que pretenda una cosa distinta.

¿Cuánto fake de Toledo hay que barrer de su historia?

Creo que es la ciudad que tiene más leyendas junto a Sevilla. Y eso es significativo. Llamamos leyendas a cuentos inventados. Cuando hay partes de la historia que no nos gustan muchas veces aparecen las leyendas. Una ciudad que tiene muchas leyendas es una ciudad que tiene muchos episodios de su historia mal resueltos. Las más antiguas de todas nos lleva a la Casa de las Cadenas y a la llegada del islam a Toledo. O la Jornada del Foso, que da origen a la expresión pasar una noche toledana.

¿Los sefardíes guardan aún la llave de de sus casas?

Eso es una invención perfectamente estudiada que curiosamente la mayor parte de los sefardíes ni siquiera conocen. Es una invención que nace en España para que muchos españoles del siglo XX y ahora del XXI se puedan reconciliar con su propio pasado y con la idea de la expulsión. Genera una narrativa sentimental a través de documentales, canciones o proyectos turísticos, pero es totalmente falso. No hay nada. Es otra de las muchas apropiaciones que la memoria judía hace de la musulmana, porque donde sí hay relatos que hablan de nazaríes o moriscos expulsados y asentados en Marruecos que dicen tener la llave de su casa es entre las comunidades moriscas del siglo XIX y del Protectorado Español. Ahí sí. Pero es fácil: si en algún momento alguien trajese la llave, se podrían hacer análisis de materiales.

¿El arte mudéjar es la victoria de los vencidos?

El arte mudéjar es la victoria de los vencedores. En el siglo XIX muchos de nuestros historiadores utilizaron la historia para fomentar el sentimiento nacional. Lo inventaron diciendo que era el único arte propio que tenían los españoles frente al resto de artes medievales. Cuando lo planteó Amador de los Ríos, muchos académicos contemporáneos le dijeron que no se lo creían. A partir de ahí empieza a tomar forma esa idea de que cualquier manifestación estética con apariencia árabe entre los siglos XII y XV hay que llamarle mudéjar para poder distinguirnos del resto de corrientes artísticas europeas.

Especialmente en el franquismo es cuando más se instrumentaliza la idea del arte propio. Amador de los Ríos habla de los mudéjares sometidos que construyen un arte para los ricos cristianos. Pero no lo explica ni lo define. Y esa idea es totalmente falsa. Hoy ya sabemos a nivel académico que no hay tantos mudéjares, alarifes y constructores para construir todo lo que se les atribuye. La idea tiene un componente casi racial o étnico muy peligroso.

La Mezquita de Córdoba es el único monumento donde se veta la entrada de los guías oficiales no acreditados por el Cabildo Catedralicio.

Me parece un error pero no creo que tenga que ver con el discurso, sino con el negocio turístico. Pero es algo que no solo hace el Cabildo de Córdoba. En el Arzobispado de Toledo quienes quieran hacer visitas por sus monumentos, yo entre ellos, hemos tenido que pagar una cuota de 200 y pico euros para que nos diesen cursos de formación específicos sobre lo que tenemos que decir o no del monumento. Es verdad que en Toledo no había examen. Esa forma de control de los discursos tiene que ver con una institución que entiende que la historia académica ya no sirve para generar sentimientos de pertenencia. A veces se ha entendido el legado dentro de unas narrativas hegemónicas peligrosísimas y falsas. Cuanto más abran la mano y permitan entrar a más guías mejor. Curiosamente para ser guía, para hablar de historia o de arte, no se exige en ninguna comunidad ser historiador. A mí no me parecería mal que la ley vigilase que quien va a explicar el patrimonio material e inmaterial de España tuviese como mínimo una formación en historia y en arte.

¿La masificación turística acabará con la gallina de los huevos de oro?

Ya lo está haciendo. Y países como el nuestro no se da cuenta de lo fácil que es perder la reputación que se ha tenido trabajada durante años. Y se está perdiendo porque ya hay mucho descontrol turístico y eso genera rechazo. Empezamos a hablar de turismo sostenible, ecológico o lento. Si se habla de eso es porque sin querer nombrarlo se está señalando que hay un turismo insostenible, masivo, de consumo y destructivo.

Hay un turismo que genera trabajo precario, destruye artesanías y las suplanta por ofertas de souvenirs y de fast food. Que genera infinitos residuos y expulsa a la población de los centros históricos. El turismo ha terminado fagocitando la cultura. Y está acabando con ciudades que están llegando demasiado tarde a poner límites. Los ayuntamientos e instituciones tienen que asumir que no vale todo.

Aristóteles Moreno

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Equipo Red de Medinas Andalusíes

Dra. Bárbara Ruiz Bejarano. Directora de Fundación Las Fuentes y Coordinadora de la Red de Medinas. Doctora en Estudios Islámicos (Universidad de Alicante). Estos últimos años ha trabajado sobre las políticas públicas europeas sobre el islam, halal y turismo Muslim Friendly. Tiene amplia experiencia en gestión de proyectos europeos.

Dª. Isabel Romero. Presidenta de la Fundación Las Fuentes  Proveniente del mundo de la investigación social y el marketing, tiene más de 30 años de experiencia de trabajo en la dirección estratégica de proyectos de emprendimiento social. Patrona del WIEF (World Islamic Economic Forum) y está reconocida como una de las cincuenta mujeres más influyentes en Economía Islámica.

D. Aristóteles Moreno Villafaina. Periodista y licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Granada. Casi 35 años de experiencia en distintos medios de comunicación (Agencia EFE, Europa Press, ABC, Público, El Correo de Andalucía, Canal Sur, Cordópolis, El Mundo, Cadena Ser o El Correo del Golfo). Redactor de contenidos en la Red de Medinas.

D. Asier Albistur. Licenciado en Humanidades y Microgrado en Historia de España, además de máster en Administración de Empresas (MBA) y en Comunicación para el Comercio Internacional, une su pasión por la historia y el patrimonio andalusí con sus conocimientos en estrategia. Tour Leader de los itinerarios culturales de la Red de Medinas.

Dª. Pilar Fernández. Diplomada en CC. Humanas. Responsable comercial de Fundación Las Fuentes.

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