Daniel Valdivieso y la portada de su último libro, 'Ibn Hazm. Biografía de un sabio'

“’El collar de la paloma’ me
despertó la pasión por Al Andalus”

El editor Daniel Valdivieso publica la primera biografía del erudito cordobés Ibn Hazm

La lectura de El collar de la paloma, del cordobés Ibn Hazm, fue un hecho decisivo en la trayectoria profesional de Daniel Valdivieso. La excepcional obra del filósofo, teólogo, historiador y escritor andalusí le abrió las puertas al conocimiento de Al Andalus, gracias también, en cierta medida, al influjo de la arabista María Jesús Viguera.

Dirige la colección Al Andalus, de Almuzara, con más de medio centenar de volúmenes, y acaba de publicar su cuarto libro, titulado precisamente Ibn Hazm. Biografía de un sabio, donde rescata la accidentada vida de uno de los más relevantes autores andalusíes.

PREGUNTA. El collar de la paloma es la obra cumbre de la literatura andalusí y se tradujo al español en 1952.

RESPUESTA. Ya se había estudiado antes, lo que pasa es que la famosa traducción de Emilio García Gómez se publicó ese año y es la que se ha utilizado y se sigue utilizando. En 2009 Jaime Sánchez Ratia publicó otra traducción con la editorial Hiperión.

P. O sea, se tradujo más de 900 años después de ser escrita. ¿Qué dice este dato de la posición que ocupa Al Andalus en la historiografía española?

R. El collar de la paloma se tradujo 900 años después, pero afortunadamente no es ni mucho menos la única fuente que se ha trabajado. Todas las fuentes que tenemos traducidas, que son muchas, se han hecho en el siglo XIX y especialmente en el XX. Las fuentes primarias siempre son una fuente interesante de información. En el caso de los escritos andalusíes, si son coetáneos, como ocurre con los Anales Palatinos del Califa Al Hakam II o el propio El collar de la paloma, no siempre les puedes otorgar cierta veracidad más allá de los estudios que se hagan sobre el contexto histórico y del autor. Evidentemente las fuentes introducen sesgos, aunque son tan interesantes lo que cuentan, como quién nos lo cuenta y por qué nos lo cuentan.

P. Por cierto, El collar de la paloma fue descubierto por un arabista holandés en el año 1841 en la Universidad de Leiden.

R. Efectivamente. La copia que se conserva de El collar de la paloma no es la original. Ojalá. Y tiene una curiosa historia porque llega hasta nuestros días fruto de la casualidad. Un par de siglos antes, el que era cónsul neerlandés en Estambul Levinus Warner dedicó el tiempo que estuvo allí a recopilar manuscritos andalusíes escritos en árabe. A la vuelta a su tierra natal legó este fondo a la Universidad de Leiden.

Dio la casualidad que el famoso arabista Reinhart Dozy, para su tesis doctoral, encontró precisamente esta copia de El collar de la paloma y resultó todo un hallazgo porque es una de las obras cumbre que mencionan muchos otros cronistas andalusíes. Cuando cayó en sus manos, lo que hizo fue estudiarla y traducirla al holandés. A partir de ahí se tradujo a otros idiomas, entre ellos al español, unas cuantas décadas después.

P. ¿Quién era Ibn Hazm?

R. Fue una figura muy destacada. En la alta sociedad andalusí, especialmente entre los siglos IX y XI, era muy habitual la figura del sabio, lo que llaman hakim Al Andalus. Todo hombre de buena cuna tenía que estudiar el Corán y las tradiciones del profeta. De ahí emanaban las leyes que regían una sociedad arabizada, en general, y andalusí, en particular. Él fue especialmente importante, no solo por la confección de El collar de la paloma, que está considerado el gran tratado del amor, sino porque fue un hombre muy inquieto que no se ciñó exclusivamente a la escuela tradicionalista que había en Al Andalus, la maliquí, y exploró otras corrientes, lo que le llevó a ser repudiado por muchos gobernantes.

A pesar de la censura que sufrió, creía que un conocimiento amplio y heterodoxo era clave. Fue uno de los protagonistas de la fitna, la guerra civil que acabó con el Califato de Al Andalus, ya que él mismo defendió la legitimidad Omeya, lo que le supuso más de un encarcelamiento.

P. Por cierto, un cordobés ignorado en su propia tierra.

R. Es algo paradójico porque es de los pocos cordobeses que no tiene un monumento, sino dos. En Córdoba tiene la conocida escultura de la Puerta de Sevilla y también el famoso cervatillo de San Lorenzo, que mucha gente desconoce que está dedicado a Ibn Hazm. Gracias a la información que él mismo nos proporciona de su puño y letra, sabemos que nació en lo que hoy es el barrio de San Lorenzo. Esto contrasta con que no hay muchos cordobeses que lo conozcan y mucho menos que puedan decir algo de él. Desde el año pasado, la Asociación de Vecinos de la Axerquía celebra cada 7 de noviembre, el día de su nacimiento, una lectura de poemas junto a este monumento en San Lorenzo. Yo tuve la suerte de haber sido invitado el año pasado y este año también participaré.

Curiosamente en Xátiva, la localidad valenciana donde compuso El collar de la paloma, es una lectura casi obligatoria en algunos centros educativos. Y en Niebla (Huelva), donde murió y de donde era originaria su familia, también lo conocen. Es curioso que en su lugar de nacimiento y a cuya ciudad se sentía más unido se desconozca más su biografía.

P. El arabista Emilio García Gómez decía que El collar de la paloma fue un anticipo medieval de la novela.

R. El collar de la paloma es un brillante eslabón dentro de toda una literatura que llamaríamos de ensayo dedicada al amor o a las relaciones entre personas. De hecho, cualquier tratado filosófico que trate los escritos de Ibn Hazm, lo que encuentra es que él conocía la figura de Platón y la filosofía clásica. Se considera un pensador neoplatónico. Se da por hecho que el Arcipreste de Hita conocía El collar de la paloma.

P. ¿La literatura andalusí tiene el sitio que se merece en la historia de la literatura española?

R. La literatura andalusí se relaciona, sobre todo, con la poesía. Hay algo que atrae de esta poesía árabe. Los grandes viajeros y románticos del siglo XIX también crearon toda una fascinación que dura hasta hoy sobre esta cultura oriental. Yo creo que la poesía sí que es reconocida y reconocible como algo exótico y fascinante. La literatura andalusí nos ha dado grandes ensayos. Por ejemplo, el pensamiento de Ibn Arabí. Estamos hablando de uno de los grandes referentes de la filosofía y, por supuesto, la base del sufismo.

También ha dado grandes obras, como aquella Epístola de los genios, del poeta cordobés Ibn Shuhayd, cuya influencia se ve en la Divina comedia, de Dante. El conocimiento de la literatura andalusí se centra en la poesía, pero deja de lado obras de enorme importancia como enciclopedias históricas de la talla de Al Muqtabis, de Ibn Hayyan.

P. ¿Por qué ha elegido Ibn Hazm para su cuarto libro?

R. Por toda la trayectoria profesional que he desarrollado en este ámbito, gracias también a la arabista María Jesús Viguera, que es mi maestra y mentora. Todo empezó precisamente por leer El collar de la paloma. Cayó en mis manos de forma casi accidental. Lo leí y me fascinó, no solo la prosa, sino el valor de ese documento escrito. Estamos hablando de una pequeña ventana al siglo XI y cómo combinaba poesía, pensamiento y, sobre todo, personajes. Se refería a Córdoba de una manera tan detallada que me fascinó y fue cuando me despertó esa pasión por la cronística andalusí.

Habiéndose cumplido 10 años de la publicación del primer libro dedicado, en parte, a Ibn Hazm, sentía que tenía que saldar esta deuda y publicar una monografía sobre su vida. Se ha publicado muchísimo sobre su pensamiento, pero sobre su vida no tanto. Y me propuse modestamente intentar darle su lugar dentro de las biografías de grandes personajes andalusíes.

P. ¿Hay muchas fuentes para glosar la biografía de este autor?

R. Paradójicamente la mayor parte de las fuentes primarias son de su puño y letra, lo cual es maravilloso. No existen muchos casos en los que uno pueda biografiar a un personaje histórico con información que él mismo nos da. En El collar de la paloma hace muchas reflexiones personales y da muchos datos autobiográficos.

Trabajos de otros arabistas, cronistas e historiadores andalusíes completan esta información. Incluso el descubrimiento de algunos documentos perdidos terminan de perfilar esta biografía que no es muy extensa, pero sí suficiente para cubrir su periodo de vida, que duró desde el año 994 hasta 1064.

P. ¿Desvela algún episodio singular de su vida que no se conociera?

R. Toda su vida fue muy singular. Era el paradigma andalusí. Nació durante el gobierno de Almanzor. Vivió un periodo feliz. Su padre era visir y, por lo tanto, era un joven acomodado que recibió una educación exquisita y de élite. De repente, con el estallido de la guerra civil, lo perdió todo y se vio envuelto en un conflicto que hizo saltar por los aires toda esa vida de comodidades.

El inicio de la guerra civil fue la destrucción de Medina Al Zahira, cerca de donde vivía su familia. Tuvo que marcharse al costado occidental de Córdoba. En el año 1013, durante uno de los enfrentamientos entre los cordobeses y los bereberes del califa Sulaimán Al Mustain, los arrabales occidentales fueron destruidos y él perdió también esa vivienda. Huyó de Córdoba y fue encarcelado en varias ocasiones. Se vio envuelto en el famoso episodio de la quema de sus libros en Sevilla por el enfrentamiento que tuvo con el emir Al Mutadid, que es el padre del famoso rey poeta Al Mutamid.

P.¿Qué le parece la hipótesis del arqueólogo Antonio Monterroso sobre la ubicación de Medina Al Zahira cerca de Alcolea?

R. El planteamiento de Antonio Monterroso, que además es buen amigo, me parece muy interesante, pero yo comparto otra opinión. Su información procede de los estupendos estudios con LIDAR, pero las fuentes arrojan información diferente y la sitúan en el costado oriental de Córdoba dentro de la trama urbana. Así lo apunta un artículo publicado por Juan Murillo hace relativamente poco y que aporta evidencias documentales y arqueológicas muy interesantes.

P. Murillo lo sitúa en uno de los meandros del río, ¿no?

R. Un palacio o un conjunto administrativo de tal importancia tenía que estar junto a una de las vías principales. La antigua Vía Augusta, en época andalusí, era una de las vías principales de entrada y salida a Córdoba. El artículo de Juan Murillo la sitúa junto a un tramo cercano a lo que hoy sería el barrio de Cañero, junto al Deza de la Avenida de Libia.

Cuando se construyó el barrio de Cañero se encontró el famoso Puente de Burriciegos, datado en época de Almanzor, situado en la actual calle Acera del Arroyo. Curiosamente en la zona donde hoy se encuentra el Carrefour hay una finca cuyo topónimo original era Al Zahira. Toda la información se mueve en esa zona y, por supuesto, también la que nos da Ibn Hazm.

P. Usted escribió su primer libro también sobre La Córdoba de Ibn Hazm. ¿Qué le interesa de la caída del Califato?

R. Desde el primer momento lo que más me interesó es el periodo Omeya. Estudiar la caída del Califato fue el siguiente paso natural. Era un periodo que me fascinaba, pero extremadamente complejo de abordar, ya que en tan solo 22 años que duró la guerra civil se sucedieron una cantidad de califas y sucesos difíciles de asimilar. En parte, también me impulsó la publicación de La historia de los reyes de Taifas, de Almudena Ariza, que dedica casi la mitad del libro a la fitna. Esa manera de explicar de forma tan clara este periodo terminó de darme el empuje para abordarla.

P. ¿Qué nos queda por saber de Al Andalus?

R. Muchísimo. Todavía se sigue abordando el periodo andalusí como algo homogéneo, cuando realmente no tiene nada que ver el periodo Omeya con las primeras Taifas, el periodo Almorávide, los Almohades y, mucho menos, con el Reino de Granada. Son periodos muy distintos a nivel histórico, social y político, aunque seguimos tendiendo a meterlos dentro de una sola etiqueta.

Y nos falta abordarla de una manera propia y no tan ajena. Solemos decir que somos romanos porque es una cultura que nos toca muy de cerca. También la cultura andalusí tiene mucho peso, especialmente en el sur. El nombre de nuestra comunidad autónoma deriva precisamente de este periodo, aparte de una impronta social innegable, tradiciones y gastronomía. Lo que nos falta es terminar de adoptarlo como un periodo propio de la historia de España, en lugar de verlo como algo ajeno. El periodo andalusí es un episodio más dentro de nuestra historia.

P. No hemos digerido todavía la historia del periodo andalusí como algo propio.

R. No, pero yo creo que entran otras variables que no tienen nada que ver con la historia tanto de idealizarla como de demonizarla. El presentismo es uno de los grandes problemas que está sufriendo la historia en las últimas décadas, especialmente en los últimos años por la identificación de ciertos periodos con ciertas líneas de pensamiento que no aportan nada al estudio y al conocimiento de la historia.

P. El historiador y guía de Toledo Felipe Vidales asegura lo siguiente: «No hay interés institucional en promover el pasado andalusí”. ¿Sabe por qué?

R. No sé si estoy al 100% de acuerdo con esta afirmación. Realmente interés institucional por la historia hay. Y también por el pasado andalusí. Eso sí: depende de dónde. No hay más que ver, por ejemplo, en el conjunto arqueológico de Medina Azahara en Córdoba la cantidad de actividades que se llevan a cabo desde la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Llevamos dos años y medio con visitas gratuitas al Salón Rico. Se siguen realizando desde hace 13 años visitas teatralizadas nocturnas en verano. En Navidad se lleva toda una campaña de actividades dirigidas a todos los públicos. Habría que ver caso por caso. Aunque me gustaría que se hicieran más cosas.

P. La Consejería de Turismo está dirigida hoy por un partido negacionista de Al Andalus y su número dos, Rafael Sánchez Saus, es un conocido historiador que dice, por ejemplo, que Al Andalus fue un régimen de apartheid.

R. En el contexto político no me corresponde a mí meterme independientemente de que yo tenga mis ideas. Hasta donde yo sé por la información que he ido manejando todos estos años, y llevo cerca de 15 años estudiando las fuentes andalusíes, creo que se está partiendo de una premisa que aborda Al Andalus como un periodo homogéneo. El Califato Almohade abolió el estatuto de protección hacia aquellas minorías que no eran musulmanas y obligó a la conversión o la expulsión de Al Andalus.

No sé si apoya su afirmación en este periodo, pero, desde luego, no puede referirse al periodo Omeya. Es verdad que entonces no existía una convivencia idílica, pero había todo un sistema que daba cabida a todas estas religiones bajo ciertas condiciones. Hay que recordar que las juderías como tales, es decir, esas zonas aisladas y segregadas del resto de la población, no eran de época andalusí sino que aparecieron en época cristiana.

P. ¿Nos podemos fiar de las fuentes escritas?

R. Hasta cierto punto. No en vano el estudio de las fuentes es una disciplina científica en sí misma. Es tan importante lo que nos cuentan como quién lo cuenta, por qué lo cuenta o quién hizo la copia. Cuando alguien aborda las fuentes tiene que tener ciertos conocimientos para hacerlo de una forma rigurosa. Pero esto también ocurre cuando se abordan las fuentes clásicas. Uno evidentemente no le va a dar plena credibilidad a aquellos que demonizaron la figura de Calígula, de Claudio o de Domiciano cuando sabemos que estas biografías fueron elaboradas por opositores.

P. ¿El mito de la convivencia es un mito útil?

R. Las mismas fuentes hablan de un sistema administrativo que regulaba la convivencia, pero ni mucho menos como nos lo están contando. Desde un punto de vista histórico, siempre aclaro lo del término convivencia, porque para empezar no eran tres culturas, sino tres religiones dentro de una sola cultura: la andalusí. Simplificando mucho, si uno iba por la calle, por el simple aspecto era muy difícil saber si alguien era cristiano, musulmán o judío.

P. ¿Qué cliché sobre Al Andalus le hace más daño?

R. Hay una afirmación demasiado extendida que considera a Al Andalus como algo ajeno a nuestra cultura. O cuando se refiere a la conquista musulmana como invasión. El lenguaje que se utiliza para referirse al periodo andalusí es lo que más daño le hace, al utilizar términos como invasión, expulsión o interrupción de la historia de España. Es un periodo histórico que nos ha legado tanto como otros periodos que hemos vivido en nuestra larga historia y nos ha permitido tener influencias culturales de lo más diversas.

P. ¿Averroes es otro cordobés olvidado?

R. Yo creo que Averroes es una de las grandes estrellas de nuestra ciudad en popularidad. Nadie en Córdoba desconoce a Averroes. Quizás no puedan ofrecer una biografía extensa sobre él, pero sí que saben quién es. Aparte de los centros educativos dedicados a Averroes, también hay otra escultura muy famosa junto a la Puerta de la Luna. Averroes sí es uno de esos grandes personajes cordobeses que es reconocido y reconocible.

P. ¿Y por qué sabemos más de Santo Tomás que de este gran transmisor de la filosofía clásica?

R. Eso ya depende de otras cuestiones de nuestra historia reciente, más relacionadas con ese discurso histórico que proviene del siglo XIX, cuando se formó España con el concepto de nación que es hoy. Hemos publicado recientemente en Almuzara un libro muy interesante de Manuel García Parody, que se llama Aquí nació España, y que habla de la formación de esa identidad nacional.

P. ¿Ibn Firnas fue el primer hombre del Renacimiento?

R. Fue el primer hombre que hizo un intento científico de vuelo en la historia. Es uno de los grandes personajes andalusíes, también muy desconocido. El puente de la carretera de Guadalcázar está dedicado a este sabio nacido en Ronda, que vino a Córdoba a desarrollar toda su carrera científica. No solo hizo un artefacto volador y lo probó, sino que destacó en otras disciplinas como la métrica, las matemáticas o la astronomía. Él mismo construyó en su casa una especie de planetario con una compleja maquinaria que explicaba los movimientos de los astros y los fenómenos meteorológicos. Fue uno de los grandes sabios de la historia, que desarrolló su carrera durante el siglo IX. En el mundo musulmán está considerado como su propio Leonardo Da Vinci.

Aristóteles Moreno