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Sierra de Aracena (Huelva) Es una de las comarcas de cultura andalusí más reconocibles de España, gracias, en gran medida, a su condición fronteriza con Portugal y los reinos Nazarí y de Sevilla en la Edad Media. Cuenta con numerosos pueblos típicamente islámicos, antiguas alquerías de calles angostas y una patente cultura hídrica de acequias y albercas medievales.Huella andalusí. La Mezquita de Almonaster la Real es, sin duda alguna, el tesoro islámico más importante de la comarca y uno de los más singulares de Europa. Es el único oratorio islámico rural que se conserva prácticamente intacto tal como se edificó hace más de mil años. También es de particular interés el Castillo de Aracena, de origen almohade, y, en general, el urbanismo característico de los pueblos andalusíes que abundan en la zona. Mezquita de Almonaster. Fue levantada a finales del siglo IX o principios del X encima del cerro del castillo. Consta de dos espacios perfectamente diferenciados: patio de abluciones y sala de oración, compuesta de cinco naves. En el muro de la quibla se erige el mihrab, remarcado por ladrillos en arco de herradura. El oratorio islámico fue cristianizado en el siglo XIII y sufrió modificaciones significativas sin perder su naturaleza originaria. Es un testimonio único de la religiosidad islámica rural. Visita obligada. Castillo de Cortegana. Aunque su origen es difuso, se tienen evidencias de que se asienta sobre una antigua fortaleza andalusí. En distintas excavaciones han sido hallados restos de cimentación y estructuras de época omeya y almohade. No obstante, su planta actual data del reinado de Sancho IV, en la segunda mitad del siglo XIII, aunque ha sufrido numerosas reformas a lo largo de su historia. Se trata del mayor atractivo patrimonial del municipio. Alájar. El nombre de esta localidad onubense proviene del árabe y significa "La Piedra", en relación a la enorme masa caliza que se levanta a los pies del pueblo. En la meseta, a 746 metros de altitud, se ubica la conocida como Peña de Arias Montano, donde se refugió a mediados del siglo XVI el teólogo y humanista. El conjunto incluye una ermita, huertas frutales y varias edificaciones muy populares en la comarca. El macizo calcáreo registra huellas del calcolítico y numerosas cuevas, así como restos también de asentamientos islámicos. Ruta a pie. La Sierra de Aracena y Picos de Aroche es uno de los paraísos del senderismo de Andalucía por su orografía suave y verde epidermis de alcornoques, castaños y encinares. Una de las rutas más emblemáticas une dos pueblos pintorescos de la zona: Linares de la Sierra y Alájar. El camino recorre 4 kilómetros en paralelo a muros de piedra antiguos, en medio de una formidable dehesa. Ruta en coche: proponemos una ruta a través de cuatro de los más atractivos pueblos de la Sierra de Aracena. En total, suman 56 kilómetros, que se recorren en 1 hora y 20 minutos. Aparte del excepcional paisaje natural de todo el recorrido, cada una de las localidades ofrece atractivos culturales de sumo interés. 

Sierra de Grazalema (Cádiz) Durante décadas fue línea fronteriza entre el Reino Nazarí de Granada y el avance cristiano hacia el sur. Su agreste orografía y la belleza de sus pueblos blancos dotan a la zona de personalidad única. Es uno de los sistemas montañosos meridionales más visitados por los amantes del senderismo.Huella andalusí. La toponimia de la comarca ya revela su origen andalusí. Benaocaz, Benamahoma, Grazalema o Zahara de la Sierra son denominaciones de etimología árabe, cuya estructura urbana, además, nos remite a las alquerías andalusíes, salpicadas de callejas estrechas, plazuelas ocultas y trazados laberínticos para protegerse del viento y repeler eventuales ataques. También son habituales las acequias y aljibes, las fortalezas defensivas y una gastronomía de influencia islámica. Grazalema. Enclavada en una de las serranías más imponentes de Cádiz, a 913 metros de altitud, la localidad de Grazalema forma parte de la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos por su bello trazado urbano, de casas encaladas, recoletos callejones y plazuelas silenciosas. Aunque su origen es romano, su actual configuración empieza a consolidarse en época islámica. Desde el año 715 se detecta presencia andalusí, fundamentalmente de tribus bereberes, que acabaron prestándole el nombre de Ben Salama, primero, y más tarde Zagrazalema, antecedente de su actual denominación. La ingeniería hidráulica y la industria manufacturera textil marcaron su economía durante siglos. En 1485 cayó en manos de las huestes cristianas. Los moriscos mantuvieron presencia aquí hasta la expulsión de principios del siglo XVII. Zahara de la Sierra. Debajo de Grazalema, a los pies de un majestuoso embalse, se yergue el hermoso enclave de Zahara de la Sierra, también integrado en la Ruta de los Pueblos Blancos. Su estampa está definida por la prominte peña coronada por un castillo nazarí declarado bien de interés cultural en 1985. Aquí tuvo lugar en 1282 la célebre cumbre entre el rey Alfonso X El Sabio y el sultán Abu Yusuf Yaqub Ibn Abd Al Haqq. El nombre de la localidad proviene del árabe, previsiblemente del vocablo Al Sajr, que significa "La Roca". Fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1983 y ha recibido numerosos reconocimientos por su belleza. Benaocaz. También forma parte de la Ruta de los Pueblos Blancos de Cádiz y se encuentra en el Parque Natural Sierra de Grazalema, uno de los paraísos geológicos y ambientales de Andalucía. Aunque existen vestigios neolíticos en la zona, su origen real como pueblo arranca en el periodo andalusí tras la conquista islámica de principios del siglo VIII. Conserva un pequeño Barrio Nazarí en la parte antigua que evoca el profundo legado que dejó aquí la dominación islámica. De especial interés resulta el Castillo de Aznalmara, una derruida fortaleza nazarí, ubicada en la cima de un cerro que domina la ribera del río Tavizna. Un pequeño museo local recorre todas las etapas históricas de la comarca. Ruta a pie. El sendero más conocido de toda la Sierra de Grazalema atraviesa el portentoso pinsapar, uno de los tres más meridionales de Europa. La ruta arranca a 2 kilómetros de Grazalema, en un aparcamiento habilitado, y recorre unos 14 kilómetros con un desnivel de 450 metros, lo que obliga a una mínima preparación física para completarla. Requiere permiso previo. Otra ruta a pie recomendable y más asequible (9 kilómetros y 150 metros de desnivel) une el pueblo de Benamahoma con El Bosque. Está perfectamente señalizada.  Ruta en coche: la serranía de Grazalema es un macizo agreste y boscoso de extraordinaria belleza. Aparte del atractivo natural de la comarca, sus pueblos son muy interesantes. Aquí proponemos una ruta en coche recorriendo Zahara de la Sierra, Grazalema, Villaluenga del Rosario, Benaocaz y Ubrique. En total, 47 kilómetros y 1 hora y media, sin contar el tiempo que empleemos en cada visita. 

Vall de Laguar (Alicante) Uno de los últimos baluartes de la presencia islámica en la Península, el Vall de Laguar aún conserva reseñables vestigios de la cultura andalusí y posteriormente morisca. De hecho, la etimología de Laguar remite a un vocablo árabe (Al Agwar), que significa cavernas, en relación a la abrupta orografía de la zona. Último refugio del célebre caudillo andalusí Al AzraqHuella andalusí. La ingeniería hidráulica de origen islámico está muy presente en la comarca, a través de fuentes, aljibes y lavaderos. Las Font de Gel, D’Isber y Camusot, por ejemplo, replican el modelo andalusí de captación de agua. También el sistema de bancales para cultivar en pendientes acusadas es una herencia andalusí que buscaba optimizar el agua y la tierra. Castillo de Pop. El hisn Bub fue un antiguo castillo islámico levantado sobre restos romanos en la localidad de Murla, hoy convertido en la iglesia fortificada de San Miguel Arcángel. Perteneció al caudillo andalusí Al Azraq, quien lo entregó a Jaime el Conquistador a mediados del siglo XIII en virtud del conocido como pacto de Jovada. El edificio perdió su función defensiva en el siglo XVI y, desde entonces, su uso ha sido religioso. Guadalest. Aunque no forma parte del Vall de Laguar, el asombroso enclave de Guadalest está ligado a la época andalusí y a la red de fortalezas controladas por Al Azraq en el siglo XIII. El pueblo y su castillo se encuentran colgados de un impresionante risco desde donde se divisa el valle del mismo nombre. La zona alta, conocida como la Alcozaiba, conserva la torre de origen andalusí que ofrecía refugio a las alquerías islámicas de la comarca. Barranco del Infierno. Los moriscos se asentaron en este agreste paraje que ofrecía un sistema orográfico defensivo natural. Para hacerlo más accesible construyeron un sendero de casi 7.000 escalones de piedra labrados en la roca, que aún hoy se conservan y se usan como parte de una excepcional ruta de montaña. En el fondo del valle, se accede al conocido como Barranco del Infierno, un monumento natural horadado en la piedra. El recorrido total suma casi 14 kilómetros y 800 metros de desnivel, entre las localidades de Benimaurell y Vall de Ebo, lo que exige cierta forma física y experiencia en terrenos duros. Ruta en coche: en poco más de 51 kilómetros y hora y media se pueden recorrer algunas de las zonas vitales que configuraron los dominios del caudillo andalusí Al Azraq, que resistió en el siglo XIII la creciente presión de las huestes cristianas

Valle de Lecrín (Granada) Ubicado estratégicamente entre Granada capital y la costa mediterránea, el Valle de Lecrín rezuma historia de Al Andalus por los cuatro costados. Conserva abundantes vestigios islámicos al haber sido elegido como espacio de recreo por la corte nazarí, último reducto de la civilización andalusí en la Península Ibérica.Huella andalusí. El legado más relevante que se preserva de Al Andalus aún hoy día es el sistema de acequias que todavía sigue irrigando las huertas de cítricos de la comarca. También perviven numerosas torres de alquerías y atalayas de carácter defensivo, así como castillos y fortalezas, particularmente en Mondújar, Murchas o Nigüelas. Castillo de Zoraya. En Mondújar se conservan los restos de un viejo castillo andalusí supuestamente edificado por el sultán nazarí Muley Hacén en el siglo XV como obsequio para su amada Zoraya. Al parecer, el rey nazarí, que le da nombre al pico más alto de Sierra Nevada, se enamoró de una cautiva cristiana llamada Isabel de Solís y la internó en la Alhambra. El amor fue finalmente correspondido y la cristiana adoptó el nombre de Zoraya, ante el enojo de Aixa, la primera mujer del sultán y madre de Boabdil. Red de acequias andalusíes. El Valle de Lecrín aún mantiene vivo un sistema milenario de acequias diseñado en época andalusí para gestionar el ingente caudal del deshielo de Sierra Nevada. Hablamos de un patrimonio hidráulico de enorme valor histórico y perfectamente últil para los agricultores de la comarca. Las comunidades de regantes locales continúan usando los mismos trazados de la Edad Media, los azudes y los partidores para ordenar el flujo hídrico. Las acequias de Covíjar, Mondújar o Torrente han permitido ordenar el paisaje con bancales y terrazas de cultivo. En la imagen, la Acequia de los Arcos. Ruta de los Lavaderos. El Valle de Lecrín conserva varios lavaderos antiguos como testimonio de una cultura rural comunitaria que ya se ha extinguido. El de Padul fue construido a finales del XIX y está asociado a la Fuente de San Joaquín, que data del año 1556 y es una de las edificaciones más antiguas de la villa. El lavadero de Melegís es más reciente y cuenta con un bello cobertizo. También hay que destacar el lavadero de las Albuñuelas y otros dos en Pinos del Valle. Ruta a pie: Colgado del barranco del río Torrente, se abre paso un sendero espléndido de unos 4 kilómetros y fácil de transitar. Se trata del conocido como Sendero de la Pavilla, que discurre al borde de una acequia y da acceso a la hermosa cascada de los Cahorros de Nigüelas. Es una ruta circular apta para hacer en familia con una duración que no excede la hora y media. Ruta en coche: en apenas 12,5 kilómetros y 23 minutos se pueden recorrer cinco de los pueblos más señeros del Valle de Lecrín, un área privilegiada situada entre la Vega de Granada y el sistema montañoso de Sierra Nevada. Especialmente interesante es su patrimonio hidráulico andalusí compuesto de acequias, puentes, manantiales y azudes que aún se mantienen operativos mil años después.

Somontano (Aragón) La presencia andalusí en esta zona fronteriza con los reinos cristianos del norte está determinada por una arquitectura netamente defensiva. Alquézar y Barbastro son dos de las localizaciones más interesantes de la historia islámica en Aragón.Huella andalusí. La toponimia ya evidencia los orígenes árabes de la comarca. Alquézar, por ejemplo, hunde sus raíces en el vocablo Al-Qasr, que significa “castillo” en árabe. Fue fundada a principios del IX por Jalaf Ibn Rashid para combatir las arremetidas cristianas del norte. Barbastro también tiene origen árabe, Barbitaniya, que era una de las coras del Califato cordobés en la marca norte. Somontano está salpicado de fortalezas defensivas, como, por ejemplo, El Tormillo, Azlor y Azara. Catedral de Barbastro, antigua Mezquita. La Catedral de Santa María de la Asunción fue levantada en el siglo XVI sobre el solar de la antigua mezquita aljama. La ciudad fue capital de la cora de Barbitania y centro de poder de Jalaf Ibn Rashid, militar andalusí que disputó la hegemonía regional frente a Bahlul Ibn Marzuq, gobernante de Zaragoza y Huesca. El edificio cuenta con una espléndida torre exenta, que se edificó sobre el antiguo alminar del templo islámico. Monasterio de El Pueyo. Ubicado en un montículo privilegiado a 673 metros de altura, ofrece una panorámica excepcional de los Pirineos y la comarca del Somontano. Sus orígenes se remontan a la aparición a principios del siglo XII de una virgen sobre un almendro a un pastor llamado Balandrán. El complejo patrimonial incluye un claustro y una iglesia de finales del XIII, así como una biblioteca que conserva ejemplares de enorme valor histórico. Ruta en coche: en poco más de 30 kilómetros y 39 minutos podemos recorrer tres de las localidades más representativas del legado andalusí en Somontano: Barbastro, Alquézar y Adahuesca. 

Alpujarras (Granada) Asentamiento amazigh y penúltimo refugio morisco en la Península Ibérica. Su inaccesible y agreste orografía facilitó la repoblación de tribus bereberes habituadas a ecosistemas idénticos en el macizo montañoso del Atlas magrebí. Huella andalusí. Siguiendo la tradición bereber del Atlas, las tribus se organizaron en alquerías de comunidades autosuficientes para gestionar el agua de las acequias y el cultivo de los bancales en un territorio de clima hostil. Tinaos. Pasajes cubiertos sobre la calle para extender las viviendas por encima y facilitar refugios contra el viento. Es uno de los elementos más singulares del urbanismo alpujarreño.Chimeneas de sombrerillo típicas de las comunidades amazighes del norte de África.Terraos. Casas con techos planos de launa impermeable que se usan también como secaderos de higos, pimientos y cereales. El mismo tipo constructivo que los amazigh del Atlas. Agricultura andalusí. La escarpada geografía alpujarreña, su elevada altitud y su secular aislamiento propiciaron prácticas agrícolas de supervivencia.Acequias de careo. Captación del agua de deshielo que se conduce por canales hacia zonas permeables para facilitar su filtración y la recarga de los acuíferos kilómetros más abajo. Se vuelve a recoger el agua y se distribuye en canales hasta las parcelas agrícolas. Es un sistema ecológico único e innovador.Bancales. Para ocupar un territorio acusadamente vertical, los amazighes habilitaron bancales o terrazas escalonadas rematadas con muros de piedra seca.Acequiero. Garantizaba el reparto equitativo y justo del agua entre todas las alquerías. Vigilaba el cumplimiento de los turnos, la limpieza de las acequias y el control de las compuertas que regulaban el flujo hídrico.Dula. Según el sistema hidráulico alpujarreño, el agua no se repartía en función del volumen sino del tiempo. Cada agricultor tiene derecho a usar el agua durante determinadas horas y días. Toponimia gallega. Poqueira, Pampaneira o Capileira son topónimos de origen gallego. ¿La razón? Tras la revuelta morisca de las Alpujarras protagonizada por Aben Humeya a finales del XVI, Felipe II decretó su expulsión a Castilla. A cambio, repobló las Alpujarras con colonos gallegos y leoneses. De ahí la terminación “eira” en gran parte de su toponimia.Ruta a pie: el Barranco del Poqueira ofrece múltiples senderos para disfrutar de la naturaleza escarpada de la Alpujarra. Una ruta de dificultad media para iniciados es bajar desde Capileira a Bubión y Pampaneira. Es una ruta circular de unos 8 kilómetros y casi 300 metros de desnivel. Combina paisajes sensacionales de montaña y urbanismo típico alpujarreño. Ruta en coche: proponemos una ruta por cinco de los pueblos más representativos de la Alpujarra grananida: Capileira, Pórtugos, Busquístar, Trevélez y Juviles. En total, suman 37,3 kilómetros que se recorren en poco más de una hora, sin contar el tiempo que se dedique a cada localidad. Se trata de una carretera de montaña, que alcanza hasta los 1.480 metros de altitud de Trevélez, uno de los pueblos más altos de España.

Sierra de Espadán (Castellón) Otro de los últimos refugios andalusí y morisco de la Península. En 1526, los musulmanes se atrincheraron en las cumbres altas para evitar ser bautizados. La orografía montañosa, al igual que en las Alpujarras, les ofreció cobijo y protección para resistir.Huella andalusí. Los pueblos de la Sierra de Espadán presentan trazados urbanísticos netamente andalusíes y un sistema de alquerías amazighes similares a las Alpujarras. Calles estrechas y adarves definen la arquitectura de Aín, Chóvar, Eslida o Almedíjar. De especial interés son la red de hussum o castillos andalusíes que ofrecieron amparo en las revueltas moriscas. Los sistemas de riego desplegados por acequias y azudes jalonan los valles y vaguadas de la comarca. Castillo de Onda. A las puertas de la Sierra de Espadán se encuentra el fabuloso Castillo de Onda con sus imponentes torreones. La fortaleza fue levantada en el siglo X por los musulmanes sobre un antiguo asentamiento romano. El último rey andalusí de Valencia entregó el Castillo de Onda a Jaime I el Conquistador en 1238. También llamado el "castillo de las 300 torres" por su considerable tamaño, es un bien de interés cultural y alberga un museo visitable con yeserías islámicas . Acueducto de Alfara. Almedíjar en una pequeña localidad de origen andalusí situada en la comarca del Alto Palancia. Conserva dos interesantes acueductos, construidos por la comunidad morisca que logró resistir hasta la expulsión de principios del siglo XVII. El Acueducto de la Alfara (en la imagen) y el de la Huerta Nueva fueron levantados para extender el regadío en los campos de cultivo. La imponente infraestructura hidráulica andalusí se extiende por toda la Comunidad Valenciana y aún exhibe su huella de acequias, azudes y albercas. Ruta de los 'Hussun'. La comarca de la Sierra de Espadán cuenta con numerosos castillos andalusíes o hussun, que otorgaban refugio a las alquerías campesinas y hoy constituyen un vestigio espléndido de la presencia islámica y morisca de la zona. Los más significativos son los de Almonecir, Maús, Alfondeguilla, Jinquer, Eslida y Aín (en la imagen, el castillo de Benalí). En total, unos cien kilómetros por carretera y más de tres horas.  Ruta en coche: proponemos una visita a seis de los más interesantes castillos de origen andalusí diseminados por la Sierra de Espadán. La ruta en coche se extiende a lo largo de 75,7 kilómetros, que se recorren en 2 horas y cuarto, sin contar las paradas. La ruta atraviesa un paraje serrano espléndido y bellos pueblos de montaña.  

Valle del Genal (Málaga) En la Serranía de Ronda se esconde uno de los valles más sugerentes de Andalucía. Gracias a su secular aislamiento, los moriscos resistieron aquí hasta la rebelión de 1570. La comarca es conocida por sus espléndidos castañales que pintan de tonalidades ocres la montaña cuando llega la estación del otoño. Huella andalusí. Parte de los 15 pueblos del Valle del Genal tienen nombres con el prefijo “Ben” que designa a los linajes amazighes que se asentaron aquí: Benadalid, Benalauría (en la imagen principal) o Benarrabá. El sistema de bancales para el cultivo escalonado y la red de acequias remiten a la intervención andalusí sobre estas tierras. El urbanismo rural sigue el modelo bereber de asentamiento y adaptación al terreno. Aún perviven algunas fortalezas andalusíes.  Benarrabá. Su nombre significa Hijo de Rabbah y evoca a una de las tribus o comunidades andalusíes asentadas en este valle espléndido ubicado en la Serranía de Ronda, al suroeste de Málaga. Una fortaleza islámica, hoy desaparecida, coronaba el monte Porón y dio origen a este enclave de apenas 450 habitantes articulado por una trama urbana típicamente andalusí y salpicado de numerosas fuentes, pozos y acequias medievales. Es uno de los ocho bellísimos pueblos del Bajo Genal donde se respira historia, paz y naturaleza. Bosque del Cobre. Los castañares del Valle del Genal constituyen uno de los signos de identidad botánica, paisajística y cultural de la comarca. Su origen se remonta a la época romana, aunque se consolidaron en el periodo andalusí, sobre todo, morisco, cuando se erigió en uno de los pilares económicos de la zona. Ocupan unas 4.000 hectáreas en los términos municipales de Pujerra, Igualeja, Perauta, Cartajima, Júzcar, Alpandeire, Faraján, Genalguacil y Jubrique. En otoño se convierten en un auténtico espectáculo de color y luz que atrae e cientos de montañeros y senderistas de toda Andalucía. Castillo del Águila. El periodo andalusí dejó un excepcional patrimonio hidráulico compuesto de acequias, aljibes, fuentes y azudes que colonizan todo el paisaje rural de la Axerquía. Aunque el abrevadero de Alfarnate (en la imagen) data del siglo XVI, posterior a la época nazarí, otras muchas infraestructuras hidráulicas de la comarca sí tienen inequívoco origen andalusí, como las acequias de Lízar y Cómpeta. Ruta a pie: para los que prefieran caminar y disfrutar del fabuloso Bosque del Cobre sobre el terreno, proponemos una ruta entre Igualeja y Pujerra. Son poco más de 14 kilómetros surcando castañares ocres, amarillos y rojizos verdaderamente espléndidos Ruta en coche: siete de los pueblos más interesantes del Valle del Genal se pueden recorrer en 99 kilómetros y poco menos de tres horas. Aquí en esta comarca se produce cada otoño el espectáculo del Bosque del Cobre. Para hacer el viaje más liviano se puede prescindir de dos o tres pueblos. En todo caso, merece la pena

La comarca oriental de Málaga cayó en manos de las tropas cristianas en 1487, cinco años antes de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Su población musulmana, no obstante, se mantuvo en el territorio bajo dominio cristiano ya como mudéjares hasta que en 1500 fueron obligados a convertirse. Setenta años después los moriscos fueron deportados a Castilla. La huella andalusí de esta comarca malagueña es patente ya desde su toponimia. Axarquía es una palabra de origen árabe (sharqiya), que alude al punto cardinal oriental. La mayor parte de sus 31 municipios también conservan sus denominaciones andalusíes. La comarca mantiene muchos vestigios arquitectónicos islámicos empezando por sus tramas urbanas típicamente medievales, salpicadas de alcazabas, murallas y alminares. La red de acequias y los sistemas hidráulicos asociados a la huerta son otro rastro genuino de la cultura andalusí. Frigiliana. Aunque el enclave está habitado desde hace 3.000 años antes de nuestra era, el origen de la villa data del siglo IX. Su traza urbana, genuinamente islámica, se configuró alrededor de una fortaleza hoy desaparecida, Hins Challana. La rebelión morisca encontró en este hermosísimo pueblo andaluz uno de sus focos más relevantes. Su arquitectura tradicional andalusí, plagada de callejones angostos y plazuelas recoletas, convierten a Frigiliana en un tesoro urbano excepcional. Ruta de los Alminares. La Axerquía mantiene aún cuatro alminares bien conservados y poco conocidos que corresponden a otras tantas mezquitas construidas entre el siglo XII y el XIV. Además del minarete de Corumbela (en la imagen), Árchez (en la fotografía principal), Daimalos y Salares atesoran alminares islámicos reutilizados tras la conquista cristiana como torres de iglesias católicas. Es uno de los abundantes vestigios andalusíes que caracterizan a una comarca que resistió el avance castellano hasta finales del siglo XV. Patrimonio hidráulico. El periodo andalusí dejó un excepcional patrimonio hidráulico compuesto de acequias, aljibes, fuentes y azudes que colonizan todo el paisaje rural de la Axerquía. Aunque el abrevadero de Alfarnate (en la imagen) data del siglo XVI, posterior a la época nazarí, otras muchas infraestructuras hidráulicas de la comarca sí tienen inequívoco origen andalusí, como las acequias de Lízar y Cómpeta.  Medina de Comares. La mayor parte de las localidades de la Axarquía mantienen la configuración de sus medinas andalusíes, un auténtico laberinto de callejones y adarves blanquísimos que conservan el sabor del legado islámico peninsular. Más allá de los numerosos monumentos y otros enclaves de interés turístico, pasear por Frigiliana, Cómpeta, El Borge, Salares o Comares es una experiencia altamente recomendable que nos reconcilia con nuestra historia medieval. Ruta a pie: circular por la acequia que une Cómpeta con Canillas del Aceituno pasando por Árchez, un apacible pueblecito blanco que cuenta con un sorprendente alminar del siglo XIV.  Ruta en coche: apenas 22 kilómetros y 40 minutos separan los cuatro pueblos de la Axarquía que aún conservan alminares andalusíes (Corumbela, Daimalos, Salares y Árchez). Eso sí: a este tiempo habrá que añadir lo que tardemos en hacer plácidamente la visita en cada uno de ellos.